Te explicamos nuestro último proyecto con todo detalle

Nuestro nuevo disco se llama VENTANAS.

Las canciones son ventanas por las que miramos al mundo, y, a la vez, por las que los demás pueden vernos. Ya se sabe, hay quien las usa más para mirar y quien las usa más para ser visto, quien pone visillos y protege su intimidad, y quien disfruta paseando en pelotas por el balcón.

En nuestro caso lo que hemos pretendido es buscar miradas diferentes entre sí y miradas diferentes a cómo veníamos mirando, y para eso hemos querido apoyarnos en ojos que no fueran los nuestros.

Así dicho es un lío, pero creo que se explica bastante fácil: son diez canciones, pero en realidad son cinco bloques, cada uno de dos canciones, y cada bloque-ventana lo hemos hecho con un productor diferente.

LA VEGA (Ventanas, 2020. Niños Mutantes)

La Vega es un accidente geográfico que rodea a Granada, bajo Sierra Nevada y sobre la que se levanta el monte de la Alhambra, La Sabika. En la vega de Granada está la Huerta de San Vicente y en una huerta parecida, el estudio de Carlos Díaz. En ese estudio nos juntamos en marzo 2019 los cuatro mutantes y Ángel Luján, productor madrileño temporalmente exiliado en nuestra ciudad.

Y cuando allí nos juntamos solo sabíamos dos cosas: que no habíamos ensayado las canciones y que íbamos a grabar “Palabras para Julio” y “Húndete”. Dos canciones a priori muy diferentes que habíamos tratado por mail y en un par de quedadas -cervezas de por medio- con Ángel.

En el boceto de “Palabras para Julio” ya se intuía que había madera de single, pero era un planteamiento sin estribillo o al menos sin una parte claramente fijable. En el propio estudio nació la parte coral y más pop de la canción “Aaah, aaah, aaaaah”. Le letra estaba cargada de contenido, reflejando ese clima de las ciudades muertas y asfixiantes en verano y acompañada de un imprevisible homenaje al poema genial de Gytisolo “un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son como polvo, no son nada”, que inmortalizara Paco Ibáñez, como tantos otros.

“Húndete” fue nuestro Frankenstein particular. El boceto ya era una mezcla de folk-rock a lo White Stripe con un toque psicodélico, pero no estaba nada claro y no era fácil ver la luz al final del túnel. Una letra densa y oscura nos llevaba a trabajar en bases extrañas comandadas por palmas salvajes en piernas y antebrazos. Bajos etéreos, sintes psicodélicos, guitarras abiertas de apoyo y coros a lo Beach Boys mezclados con gritos salvajes y descarnados. Es nuestro particular “Viaje al corazón de las tinieblas”. Ponla muy fuerte y Húndete en ella.

Tras cuatro días de grabación en la vega granadina junto a Carlos Díaz, varias sesiones de mezcla en Granada y Madrid y una última sesión de retoques en Estudios Reno con Luca Petricca y el propio Luján, teníamos nuestra primera ventana acabada. La ventana de La Vega. La ventana de Ángel Luján y Niños Mutantes.

EL PUERTO (Ventanas, 2020. Niños Mutantes)

Los cantes de ida y vuelta son esos que viajaron de África a América y luego volvieron a Europa. El oro no era la única riqueza que entraba por el Puerto de Indias, en Sevilla, parece que también llegaron músicas del nuevo continente.

Y a Sevilla nos fuimos en agosto de 2019 para grabar la versión mutante de los cantes de ida y vuelta. Nuestros viajes latinoamericanos del 2018 (México, Colombia, Panamá, Venezuela) nos abrieron la cabeza a ritmos y sonidos que muchas veces habíamos recibido con prejuicios. Pedimos recomendaciones, abrimos las orejas. El poso trajo dos canciones (Camino perdido y Un tiro en el pie) que olían a aquellas tierras, y pensamos que quizás podrían crecer bien en Sevilla, en La Mina de Raúl Pérez. Raúl es un tipo discreto, callado y educadísimo, y lleva en la cabeza una enciclopedia musical dedicada a las carreteras secundarias. Sus producciones están siempre lejos del mainstream, buceando en el indie más artístico.

Antes de plantarnos en pleno agosto en Sevilla hicimos un contacto previo con Raúl. Breve pero intenso. Se vino a Granada a compartir con nosotros un día de ensayo, y ahí ya comprobamos la inteligencia artística y personal de Raúl. Tenía muy claro por donde quería llevar ambas canciones, hicimos unas interpretaciones rápidas con lo que él quería y hablamos mucho de música. Nos pasó playlists que valen su peso en oro. De ahí, directos a su casa estudio, un chalet setentero en las afueras de la ciudad en el caluroso verano sevillano; pero con una piscina todo se lleva mejor. Pena que pinchamos el unicornio hinchable. Mejor esa víctima que alguno de los ejemplares de su increíble colección de bajos vintage.

El aire hippie-andino de ambas canciones está muy premeditado y acentuado por Raúl que acabó grabando de todo junto a nosotros. En septiembre 2019 ya teníamos las primeras mezclas de la que sería la segunda ventana, El Puerto (a América). La ventana de Raúl Pérez y Niños Mutantes.

LAS ESTRELLAS (Ventanas, 2020. Niños Mutantes)

Si había un bloque de canciones con una afinidad clara, esas eran las de “Las Estrellas”. Bocetos de electrónica, ambientes nocturnos, canciones sobre recuerdos que pedían sintetizadores y ritmos programados. Lenguajes que no dominamos.

Entonces se nos encendió la bombilla. Lori Meyers son buenos amigos, y, casualmente, una visita a casa de Noni nos descubrió un tesoro que no conocíamos. Resulta que es un coleccionista de sintes enfermizo, de todas las épocas y todos los estilos. Si alguien tenía recursos e iba a entender cómo enfocar nuestra incursión en el synthpop, ese era Noni.  La opción perfecta. Para nuestra alegría, él recibió la propuesta encantado, con la condición de contar con Doria (guitarrista de Lori Meyers y productor musical) en el equipo, en lo que resultó ser uno de los grandes descubrimientos de este viaje.

Seguramente, esta fue la sesión más atípica de todas. Nos plantamos a ciegas en el estudio de Noni una semana de julio. No hicimos ningún ensayo previo. A partir de los bocetos creados en Garage Band comenzó el bombardeo. Para “Una Noche” Doria nos dejó boquiabiertos con una base rítmica espectacular creada en una noche en vela, y plantó a Nani en el sofá, en el que siguió sentado cuatro días más, porque las bases electrónicas lo dejaron en excedencia. 

Luego siguió el bombardeo de ideas para sintes, guitarras, bajos, intercambiando instrumentos y tocando a veces a cuatro manos, en trance colectivo de búsqueda de arreglos. No sabemos qué hizo Noni, qué hizo Andrés, qué hizo Migue o qué hizo Doria. Una auténtica creación colectiva.

Luego toca bucear para seleccionar y desechar, copia y pegar, un trabajo de chinos en el que Doria curró como un jabato, y que es en parte la base de la música electrónica.

“Una Noche” estuvo mezclada casi enseguida. Todos nos enamoramos de su estribillo. Hasta Ani en la planta de arriba y su querido Douglas (el perro más tranquilo del Universo) la iban tarareando aquellos días en que nos tenían de intrusos en su garage.

“Oxígeno”, sin embargo, fue el parto más doloroso de todo el disco. La hemos pulido mano a mano en distintas versiones, cuidando hasta el último detalle, a lo largo de varios meses, y al final acabó como la guinda del pastel, completando la tercera ventana de este disco, “Las Estrellas”. La ventana de Noni López, Javier Doria y Niños Mutantes. 

EL BOSQUE (Ventanas, 2020. Niños Mutantes)

Las cinco ventanas de este disco miran a diferentes paisajes esenciales en nuestro imaginario y El Bosque es uno de ellos. Amamos la naturaleza y nos encanta perdernos en ella. Juan Alberto vive bajo el bosque de la Alhambra y pasea por él casi cada día. Migue se escapa a las alamedas de la vega granadina todos los fines de semana que no está de gira, Andrés tiene su paraíso particular y familiar en la campiña sevillana entre bosques (peinados) de olivos y Nani pasa media vida en las postrimerías de Sierra Nevada junto al parque Natural de Sierra Nevada. El bosque nos acompaña y nos importa. Nos reconforta.

Los bosques están llenos de maleza y claroscuros y “La Ausente” y “No una más” están impregnadas de ambos, llenas de tiempos lentos, zonas oscuras que llevan a otras luminosas y laberintos líricos que hay que descifrar con atención y los cinco sentidos.

Conocimos a Christina Rosenvinge en la Feria del Libro de Granada 2019 en la que estaba invitada a presentar su primer libro, “Debut”. Aunque parezca raro, no habíamos coincidido antes personalmente. Fuimos a comer con ella, como fans adolescentes que quieren ver de cerca a uno de sus mitos, y nos sorprendimos de comprobar que donde creíamos que había una diva no había nada de pose y sí el encanto de quien siendo grande es cercano en la distancia corta.

Estábamos trabajando ya en seis canciones con tres equipos de producción diferentes, teníamos varios bocetos más y dos ventanas por completar sin tener muy claro con quién ni cómo. Y entonces lo vimos claro, una ventana tenía que ser suya y “La Ausente” tenía su nombre. En esa comida y a bocajarro le propusimos producirnos. Nos hizo muchísima ilusión que aceptase, y creemos que a ella también le encantó su primer encargo como productora para otros.

En septiembre hicimos un ensayo previo en Granada aprovechando para conocernos mejor. Al ensayo llegó un torbellino con las ideas clarísimas y una mente lúcida como pocas. Somos muy poco egocéntricos cuando componemos y siguiendo ese principio probamos todo lo que Christina propuso, la nave la dirigía ella. Sin embargo, pocos días antes de grabar con ella en Madrid incluimos un cambio, y le propusimos sustituir una de las canciones previstas por “No una más”, que nació justo tras nuestra primera cena en equipo con la Rosenvinge. Pasado el susto, tocaba componerla entre todos en el estudio y así se hizo.

Una de las experiencias más interesantes de “Ventanas” ha sido la producción literaria con Christina, que generosamente ha aportado palabras y ayudado a pulir los textos, algo inédito para nosotros y probablemente para casi todos los artistas, cuando, en realidad, debiera de ser el punto de partida.

El aire de canción de autor tradicional de “La Ausente” estaba claro desde el boceto inicial, el aire marcial popular se lo añadió Christina proponiendo ritmos, puentes, coros épicos, subidas y bajadas que vestían con aires centroeuropeos un paisaje marcial para una canción pacifista. “No una más” era una incógnita que resolvimos en una especie de pulso de minimalismo y góspel.

Junto a Dany Richter (El Lado Izquierdo) y Christina grabamos en Madrid, durante octubre 2019, dos canciones muy especiales para nosotros. Las canciones de nuestro bosque. La ventana de Christina Rosenvinge y Niños Mutantes.

LA CIUDAD (Ventanas, 2020. Niños Mutantes)

Hay ritmos que sólo se imaginan en ciudades llenas de gente, en aquello que llamábamos discotecas, con sus bolas de espejos y los cuerpos apretados y sudorosos. Para las dos últimas canciones de VENTANAS queríamos “groove”. Ansiábamos negrura y swing. Que se pudieran bailar. Algo que durante toda nuestra carrera no habíamos perseguido nunca. Incluso le habíamos dedicado una oda a la actitud contraria (“No quiero bailar”, Otoño en Agosto, 2000).

 

Si hay alguien que ahora mismo domine la fórmula de lo bailable, esos son Novedades Carminha. Llamamos a nuestros compañeros de discográfica y les propusimos que fuesen los productores de la última ventana de este disco tan ilusionante. Carlangas y Anxo recogieron el guante con unas ganas tremendas de trabajar y de rompernos los esquemas.

 

A estas alturas (octubre 2019) y con ocho canciones cociéndose en 4 estudios diferentes, íbamos ya bastante libres de ego y abiertos a lo que fuera. Si habíamos dejado que los productores anteriores hicieran lo que les diera la gana, con los Novedades los prejuicios se fueron de viaje un par de meses y aún no sabemos si han vuelto.

Les envíamos los cinco bocetos que nos quedaban y eligieron los dos más raros y cortavenas. Casi cortocircuitamos. La sorpresa vino cuando le dieron la vuelta en ensayo y estudio, centrándose en crear los ritmos y darle un sentido nuevo al bajo que hasta ahora no habíamos probado. Con esa fórmula creaban un groove irresistible que provocaba movimiento incluso en las anquilosadas caderas mutantes. La guinda la pusieron COSMOTRÍO, un trío de cuerda de Granada que armadas de violín, viola y violonchelo, terminaron de rematar el trabajo.

 

De repente teníamos ante nosotros “Todo tiene un precio” y “El examen”. Dos canciones y estilos inéditos en NM. La primera, una especie de Billie Jean granaíno. La segunda, una pieza retorcida de órgano llorón y ritmo hiphopero. Dos joyas con las que nos sentimos felices por haber sido capaces de cambiar nuestro relato musical. Ya teníamos nuestra quinta y última ventana, la ventana de la ciudad. La ventana de Anxo, Carlangas y Niños mutantes.